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Fisioterapia


¿Qué es la fisioterapia?

La fisioterapia o terapia física ayuda a las personas a recuperar el movimiento y la fuerza de partes fundamentales del cuerpo después de una enfermedad o una lesión. Pero la terapia física no solo ayuda a una persona a recuperar la fuerza y la amplitud de movimiento; también puede ayudar a algunas personas a controlar el dolor, ya sea el provocado por una mala postura, por una lesión o por una enfermedad (como la artritis). Si se realiza adecuadamente y con regularidad, la terapia física puede ayudar a prevenir daños permanentes y problemas recurrentes.

La mayoría de los fisioterapeutas usan una combinación de técnicas para aliviar el dolor y mejorar la coordinación, la fuerza, la resistencia, la flexibilidad y la amplitud de movimiento. Con frecuencia, los fisioterapeutas les piden a sus pacientes que usen un equipo de ejercicio, como bicicletas o caminadoras.

Además de ejercitar la zona afectada, el fisioterapeuta también puede tratarla con calor o frío, con estimulación eléctrica, ultrasonido, masajes e, incluso, terapia acuática (ejercicios en una piscina). En muchos casos, los fisioterapeutas hacen masajes suaves sobre el tejido de las zonas lesionadas y supervisan al paciente mientras realiza rutinas de estiramiento.

Los fisioterapeutas suelen dar ejercicios para que los pacientes los hagan en su hogar. Estos ejercicios, combinados con los tratamientos y los ejercicios que se hacen en el consultorio del fisioterapeuta, ayudan a una persona a curarse mejor, más rápido y de forma segura.

Qué debes buscar en un terapeuta físico

Es importante que te asegures que el fisioterapeuta esté calificado para tratarte. Todos los fisioterapeutas deben tener un diploma avanzado en terapia física y deben contar con una licencia del estado para poder trabajar. Para comenzar a trabajar, un fisioterapeuta debe tener un doctorado (DPT).

Al igual que los médicos, algunos fisioterapeutas se especializan en diferentes áreas: por ejemplo, un fisioterapeuta podría trabajar principalmente con lesiones deportivas. Otros tal vez sean expertos en lesiones en la cabeza o en el cuidado de lesiones y daños musculares debido a quemaduras o lesiones en la piel. Algunos fisioterapeutas se concentran específicamente en los deportistas, los niños, los bebés, los ancianos o las personas enfermas.

Tu médico te puede recomendar al fisioterapeuta adecuado para ti, pero debes asegurarte de sentirte cómodo con ese profesional. ¡No tengas miedo de hacer preguntas! Algunas preguntas que podrías hacer son las siguientes:

  • ¿Cuánta experiencia tiene en el tratamiento de personas con mi afección?
  • ¿Cómo decidirá cuál es el tratamiento adecuado?
  • ¿Qué equipo usará para tratar mi afección? (Esto te preparará para el momento en el que el fisioterapeuta te sugiera usar un equipo especial).
  • ¿Cuánto durará cada sesión de tratamiento?
  • ¿Durante cuánto tiempo cree que tendré que recibir tratamiento?

Si no te sientes cómodo (por ejemplo, porque el fisioterapeuta no responde a tus preguntas o no te puede explicar la rutina de manera que la comprendas), díselo a tu médico y pídele que te recomiende otro profesional. También puedes consultar a tu proveedor de seguro médico o consultar el sitio de la Asociación Americana de Terapia Física.

La primera visita

Muchos estados (aunque no todos) requieren una derivación de tu médico para que un fisioterapeuta pueda evaluarte y tratarte. Si tienes menos de 18 años de edad y vas a un hospital o una clínica, es conveniente que la primera vez vayas acompañado de uno de tus padres o un tutor. No solo contarás con su apoyo y tendrás alguien con quien hablar acerca de tu experiencia, sino que contarás con alguien que puede ayudarte a hacer los ejercicios en tu casa; ¡y tal vez te dé un empujón cuando no estés motivado!

Lo más probable es que visites al fisioterapeuta en una clínica o un consultorio. Pero algunos fisioterapeutas trabajan en las escuelas, ayudando a los estudiantes con lesiones, discapacidades o afecciones crónicas (a largo plazo). Cuando vayas a las citas de terapia física, intenta llevar vestimenta holgada y calzado deportivo para que el profesional pueda medir correctamente tu fuerza y tu amplitud de movimiento. Si tienes un problema en la rodilla, es conveniente que lleves pantalones cortos a la visita.

Durante la primera visita, el fisioterapeuta evaluará tus necesidades y tal vez te pregunte cómo te sientes, si tienes dolor y qué nivel de dolor sientes en una escala del 0 al 10. Es importante que seas totalmente honesto con el fisioterapeuta para que pueda tratar adecuadamente tu afección.

Con los resultados del examen y las recomendaciones de tu médico, el fisioterapeuta creará un plan de tratamiento. En muchos casos, el fisioterapeuta comenzará el tratamiento durante la primera visita e incluso te dará ejercicios para que hagas en el hogar.

Probablemente, el fisioterapeuta te pida que hagas estos ejercicios mientras estás en el consultorio para asegurarse de que sepas cómo hacerlos cuando estés solo. Muchos fisioterapeutas les dan a los pacientes un papel con ejercicios por escrito para que recuerden qué deben hacer y en qué orden (si esto es importante). Asegúrate de respetar el plan; el mayor beneficio de la terapia física se obtiene con las rutinas que los pacientes hacen en su hogar.

No tengas miedo de pedir una explicación si no comprendes bien un ejercicio que debes hacer en tu casa. Es fácil sentirse confundido o abrumado por la cantidad de información durante una primera sesión de tratamiento; muchas personas (incluso los adultos) se sienten de este modo.

Habla con el fisioterapeuta sobre el modo en que se deben sentir los ejercicios; por ejemplo, si es normal que sientas un poco de dolor o sensaciones fuera de lo común, y si debes dejar de hacer el ejercicio si esto ocurre.

A algunas personas les gusta llevar un registro de su avance durante la fisioterapia y toman notas de la frecuencia con la que hacen los ejercicios, cómo se sienten y qué sensaciones cambian. Esto te ayudará tanto a ti como al fisioterapeuta para monitorear tu tratamiento.

Visitas continuas

Cada sesión de terapia física suele durar entre 30 y 60 minutos, y se hace de una a varias veces por semana, según el motivo por el que la persona recibe terapia. A medida que avances, es posible que se modifique la duración y la frecuencia de las visitas. Aprenderás nuevas técnicas que te ayudarán a continuar sanando.

En los consultorios grandes, tal vez veas a diferentes fisioterapeutas durante el transcurso de tu tratamiento. Si ves una cara nueva, no te preocupes, pero asegúrate de que el fisioterapeuta que está trabajando contigo conozca tu afección y de sentirte cómodo haciéndole preguntas a los terapeutas. Recuerda: Si no te agrada el tratamiento o si algo no parece estar bien, di lo que piensas.

Si bien el objetivo a largo plazo es aliviar el dolor y recuperarte, la terapia física en sí misma no siempre se siente bien. Según la lesión, es posible que te sientas incómodo o que no estés acostumbrado a mover esa parte del cuerpo. Es importante que respetes la rutina y que respires, seas amable contigo mismo y le pidas a tu fisioterapeuta que te dé otros consejos para mejorar. También es importante que no te exijas demasiado ni exageres.

Si sientes dolor, asegúrate de hablar con tu fisioterapeuta. No es conveniente que abordes la terapia física pensando que debes sentir dolor para obtener resultados. El dolor es una señal de advertencia y si te esfuerzas a pesar de sentir mucho dolor, es posible que te provoques más daños.

Otras cosas que debes tener en cuenta

Algunos pasos sencillos pueden ayudarte a lograr que tu tratamiento de fisioterapia sea un éxito:

  • Respeta el plan al pie de la letra. Es importante que sigas las instrucciones del fisioterapeuta. Haz los ejercicios en casa respetando la cantidad, el orden y la frecuencia que te indicaron. No te saltes ninguno y no hagas ejercicios adicionales; si sigues las instrucciones, te curarás más rápido y podrás retomar tus actividades. Pero si un ejercicio específico te hace sentir peor, déjalo un momento y habla con tu fisioterapeuta.
  • Conoce tu cuerpo. Saber qué está ocurriendo y por qué es de gran ayuda. Haz preguntas y presta atención cuando el fisioterapeuta te explique la lesión y el tratamiento. Probablemente te asombre la forma en que el cuerpo se cura a sí mismo. Y querrás saber cómo funciona la zona afectada para poder detectar problemas o evitar más lesiones en el futuro.
  • Habla con tu fisioterapeuta si tienes problemas. Si algo te provoca dolor, si tienes preguntas o si no estás avanzando todo lo que quisieras: pregunta. El fisioterapeuta está allí para ayudarte.
  • Celebra tus éxitos. Cuando sigas el plan, debes comenzar a ver una diferencia en unas pocas semanas o meses. Recuperarse de cirugías más graves puede llevar varios meses o un año, pero a lo largo del camino habrá metas intermedias. Tómate un momento para apreciar la diferencia desde el momento en que comenzaste la terapia. A veces, la recuperación puede resultar frustrante y lenta; pero es útil detenerse y disfrutar de los éxitos, sin importar lo insignificantes que puedan parecer.
Fecha de revisión: febrero de 2017